26/10/11 Mesa I. “La política en la era de Internet”

Manuel Castells presenta algunas reflexiones entorno a los movimientos más allá de los considerados poderes establecidos. Estas reflexiones son posibles gracias al análisis de los movimientos sociales (revoluciones árabes, 15M, etc.), pero con una mirada particular: a través de preguntas no comunes.

Los movimientos sociales inciden en las preocupaciones reales de la sociedad y encuentran una frontera importante de relación con las formas de poder tradicionales (institucionales). Uno de los aspectos más interesantes es cuando los movimientos sociales son la base para los cambios de las formas de poder tradicionales. Un ejemplo lo tenemos con Hosni Mubarak expulsado del poder a partir de la fuerza de los movimientos sociales. Las formas de comunicación permiten unas condiciones nuevas de relación, y este hecho está transformando la sociedad. La autonomía comunicativa, a través de las tecnologías, permite una autonomía social. Las causas de los movimientos son las tradicionales (opresión, hambre, recortes sociales, etc.) pero la forma de comunicar y organizar los movimientos han sufrido una transformación relevante gracias al uso de las tecnologías.

Cabe destacar la revolución de Túnez. A partir de un acto intermedio que abre las puertas del movimiento colectivo; la humillación al ver las imágenes a través de la inmolación de Mohamed Bouazizi, en Túnez, incita a la movilización colectiva como respuesta al miedo. El miedo se supera gracias a la fuerza colectiva. En el caso de Egipcio el vídeo grabado por Asmaa Mahfouz , desata el resto de la revolución. Los movimientos de indignados, pero esperanzados, conectan con los movimientos sociales existentes.

También es importante destacar el intento de cortar la comunicación por parte de las autoridades existentes, por ejemplo en el caso de Egipto, anulando el uso de Internet. Este hecho recibe una respuesta efectiva de las propias empresas privadas, Twitter en Egipto por ejemplo, que ayudan a la comunicación y organización social.

Otro ejemplo lo tenemos con Telecomix organización que fue capaz de conectar a Egipto a Internet a través de llamadas telefónicas internacionales.

En el caso de OccupyWall Street, la movilización se produce a partir de la llamada a la manifestación de una revista. La extensión de la manifestación se produce a 950 puntos de los EEUU, donde encuentran el respaldo de espacios tradicionales de poder: los marines americanos. Interesante observar este vídeo donde los derechos de los ciudadanos indignados son defendidos por un sargento de la marina llegado de Agfanistán, enfrentándose a los policías de Nueva York que están pegando a los manifestantes.

Los grandes movimientos sociales, indignados, son inmediatos, horizontales (basados en la confianza de las redes), son virales y expansivos; no pueden ser controlados porqué no hay centro; son locales y globales, se reconfiguran, se automoderan, sin liderazgos; realizan acciones concretas sin ideologías excluyentes. No son programáticos pero son transformadores. El movimiento de indignados tiene un tono utópico en la concepción de una democracia directa en red pero su fuerza no es una tontería, tiene una fuerza transformadora. Todos los grandes movimientos sociales empiezan por una utopía. La fuerza del movimiento en red está ahí.

Joana Conill, empieza con una pregunta ¿Qué han conseguido el grupo de indignados? La respuesta es sorprendente: la fuerza de los movimientos sociales que parten del 15M se centran en cambiar procesos de decisión y no en el propio fin del resultado conseguido. Los movimientos aprenden del error, de hecho no interesa la perfección; son discursos naturales, espontáneos, con respeto a los ritmos vitales, valorando la participación amplia y consensuada.

Los movimientos refuerzan la participación de los núcleos sociales que a menudo quedan discriminados. También el sentir femenino aumenta el valor en de su participación, trasladando las visiones periféricas al núcleo de las aportaciones.
Ismael Peña Las transformaciones de la sociedad civil a la era de Internet

Font original: Ricard Espelt