De la Huelga Feminista de 2018 al 8M 2019: movimientos feministas, visiones políticas en disputa y una nota tecnopolítica

8M: el éxito de la primera huelga feminista

El 8 de marzo de 2018 fue un día histórico para los movimientos feministas en España: cientos de miles de mujeres se declararon en huelga y salieron a las calles para exigir derechos iguales y oponerse a opresiones de género y la extendida violencia contra las mujeres. Durante 11 meses, redes locales, regionales y nacionales - desde asambleas y eventos hasta listas de correo, cuentas de Twitter y grupos en Telegram - han logrado coordinar esfuerzos y combinar objetivos y prácticas contenciosas. Los resultados han sido inmediatos e impresionantes en términos de visibilidad política y pública: grandes periódicos de todo el mundo se han hecho eco, y las hashtags relacionadas a la huelga estuvieron entre los trending topics en España días antes de la huelga y durante todo el 8 de marzo. Por otra parte, los mensajes y las disputas políticas y simbólicas en las cuales esas mujeres se han involucrado - dentro y fuera del movimiento feminista - presentan oportunidades para comprender las fronteras móviles de nuevos paradigmas políticos, que cuestionan la división sexual del trabajo y las desigualdades económicas, políticas y sociales basadas en género.

He propuesto una primera mirada al proceso contencioso que ha culminado en la huelga de mujeres de 2018 en el territorio español, la primera organizada recientemente a nivel nacional. Esos son resultados preliminares de la investigación de campo realizada en Barcelona, una de las ciudades que tuvo protestas multitudinarias. Éstas fueron concebidas a través de conexiones transnacionales, y desplegaron el carácter transformador de los movimientos feministas y sus visiones. La estrategia de declarar una huelga en lugar de organizarse por otros repertorios de protesta transmite un mensaje específico de acción en la esfera económica, que es performativamente diferente de marchas o peticiones, aunque la huelga ha sido combinada con protestas callejeras. Las activistas han organizado un esfuerzo de movilización amplio, que ha incluido protestas en las calles, pero que ha buscado influir sobre las diferentes capas en las que las mujeres enfrentan múltiples opresiones, en las esferas públicas y privadas, sociales y económicas. Hacer huelga ha significado poner el foco en la presencia/ausencia de mujeres en ámbitos en los que son sistemáticamente explotadas, oprimidas, no reconocidas o excluidas. La huelga no ha sido solamente pensada en términos laborales (en la que seis millones han participado); además, fue planteada como huelga de consumos, de cuidados y estudiantil: una huelga feminista.

Más específicamente, las discusiones acerca los roles, la violencia y las opresiones de género se han dado en múltiples espacios, tanto online como offline. Un breve análisis de los mensajes más retuiteados en el mes previo a la huelga revela que una parte significativa del esfuerzo ha ido orientado a convencer a las mujeres de la legitimidad de esa movilización y de sus demandas, o “por qué” hacer huelga. Parte de los mensajes han llamado las mujeres a unirse, al tiempo que otras han señalado a organizaciones o personas políticas por no apoyar a la huelga. Ser mujer en España es un campo de batalla abierto, tanto entre las mujeres mismas como entre aquellos que se benefician de las estructuras patriarcales. La organización de la huelga en Barcelona demuestra esas disputas: al menos parte de las mujeres involucradas no sentían que sus demandas hubieran sido priorizadas. Esto ha pasado a colectivos de mujeres migradas, así como a las cuestiones sobrepuestas del contexto político local, que han generado debates polarizados sobre el contenido específico del manifiesto catalán.

Parte de las preguntas relevantes que los movimientos feministas en España se han hecho apuntan al impacto resultante de las protestas, qué hacer con el legado de la huelga de mujeres de 2018, y qué se plantea para el 8 de marzo de 2019. Esta no es una discusión cerrada, ni tampoco consensuada, como han demostrado las discusiones del último encuentro estatal en Mérida. Sin embargo, estos conflictos permiten que diferentes contextos, experiencias y puntos de vista construyan equilibrios hegemónicos y contrahegemónicos dentro y fuera de los movimientos feministas. El reto es, al final, ser capaces de hacerlo al mismo tiempo, preservar y cultivar alianzas entre mujeres diversas.

Encuentro Estatal 8M (Mérida): construyendo el 8M de 2019

Al principio de este mes de Junio, movimientos feministas de todo Estado español se reunieron en Mérida, Extremadura. Tuve la oportunidad de estar presente en el III Encuentro Estatal de la Comisión 8M, con más de 200 mujeres de múltiples partes de España, desde Tenerife hasta Galicia y las Islas Baleares. Uno de los puntos de discusión ha sido la presentación de las evaluaciones del último 8 de marzo. Aún más importante, las activistas han empezado los debates para reflexionar sobre las demandas y la organización del 8 de marzo de 2019.



En primer lugar, la evaluación de la huelga de mujeres de 2018 en España fue muy positiva. La presencia multitudinaria de manifestantes ha sorprendido a las organizadoras, que también destacaron la gran cantidad de jóvenes y estudiantes que se movilizaron ese día en más de cien ciudades en España. Por otro lado, la crítica a las actitudes de los sindicatos y los partidos políticos también ha sido un tema compartido por la mayoría de las comisiones locales, con respecto a los intentos de liderar o tomar control de la organización o del protagonismo de los movimientos feministas. Además, los dos grandes sindicatos solo convocaron un paro parcial de 2 horas, lo que fue duramente criticado por las activistas.



Sin embargo, han surgido preguntas y desafíos complejos durante ese fin de semana: ¿cuáles fueron los resultados políticos de la huelga y las protestas de mujeres? ¿Cómo aprovechar plenamente el marco y la fuerza generados por las movilizaciones de este año? ¿Cuáles son las demandas, los objetivos y el impacto previsto para el próximo 8 de marzo? ¿Cuáles serán los repertorios y estrategias elegidos para alcanzarlos?



Después del éxito de las movilizaciones de este año, preparadas durante meses en una articulación coordinada entre grupos locales de mujeres, es lógico que esos grupos enfrenten disputas, interna y externamente. La visibilidad que han logrado los movimientos feministas contribuye a poner en fricción las distintas visiones políticas al movimiento (Tsing, 2005), dentro de las organizaciones feministas así como en espacios de debate como en las redes sociales. Esto puede promover la creación de nuevas iniciativas, así como espacios para la concepción colectiva de ideas radicales.



Parte de las activistas de Mérida entendieron que los ejes de cuidados y de consumo de la huelga no fueron tan seguidos ni impactantes como se esperaba, al tiempo que una huelga laboral no es un repertorio reconocible o disponible a todas las mujeres que viven en España. El carácter contradictorio de las intersecciones de las estructuras opresivas del patriarcado, el capitalismo y el colonialismo imponen un desafío estratégico y simbólico cuando se trata de construir paradigmas políticos feministas congruentes y abarcativos. Los puntos de vista feministas que no reconocen las opresiones interseccionales que afectan a las mujeres de diferentes maneras tienen un enfoque limitado y, en última instancia, ni suficientemente amplio ni, en consecuencia, radicalmente transformador.

Uno de los mayores desafíos es convertir las tensiones internas en alianzas transformadoras entre las diversas posiciones de esas mujeres, en lugar de fragmentar o debilitar la coalición que se ha formado a nivel estatal. Tal desafío es tanto organizativo como político: se trata de determinar qué demandas adquieren más protagonismo, qué formas organizativas internas y externas se escogen, y qué repertorios contenciosos son capaces de representar performativamente la diversidad entre las activistas.

Mirando hacia delante: una nota tecnopolítica



En entornos políticos multicapa, donde las prácticas online y offline están inextricablemente entrelazadas, formas de participación y organización en red pueden mejorar los procesos de articulación de movimientos como la Comisión 8M estatal española. Como lo demostró el ejemplo del movimiento 15M, la tecnopolítica de los movimientos en red para organizar y protestar va más allá de tener un amplio acceso a las plataformas digitales, se trata también de garantizar la privacidad, la horizontalidad, el conocimiento y el control ciudadano sobre los procesos políticos que tienen lugar en ellas. Plataformas corporativas como Facebook, Telegram o los servicios de Google tienen múltiples límites de diseño, políticas de datos, interfaz y propósito o uso final (como muestran ejemplos que van del caso Snowden al de Cambridge Analytica), lo que compromete la autonomía de los movimientos.



Teniendo en cuenta la falta de transparencia, los múltiples intereses políticos y los modelos empresariales agresivos que se sostienen las plataformas digitales corporativas, las alternativas que creadas para estimular la autonomía tecnológica y las interacciones democráticas pueden ser una forma contrahegemónica de construir el movimiento. Un ejemplo emblemático de plataforma alternativa es Decidim. Decidim es una plataforma digital de participación política para ciudades (como Barcelona) y organizaciones sociales (como Som Energia), "una infraestructura abierta y libre para la democracia participativa, además de un proyecto que aspira a servir de dispositivo y modelo para la transformación política" (Barandiaran et al., p. 138).

Decidim ha sido desarrollado por el Ayuntamiento de Barcelona en colaboración con universidades, movimientos sociales y ciudadanía. Es una plataforma de código abierto y libre que puede ofrecer medios y espacios digitales democráticos a movimientos y organizaciones en red como la Comisión 8M estatal. Espacios que permitan conectar a cientos o miles de activistas o organizaciones para participar en procesos deliberativos. La plataforma permite la creación de múltiples hilos de debates, preparación y geolocalización de eventos presenciales, votación y coordinación de procesos políticos. Si bien, obviamente, el uso de Decidim no garantiza alcanzar un consenso político, es una plataforma que ha incorporado, en sus fundamentos, un compromiso con la democracia participativa y la autonomía tecnológica. Si los movimientos feministas están buscando proponer nuevos modelos políticos que sean inclusivos y cuyos principios políticos no estén basados ​​en la dominación, la desigualdad y las relaciones opresivas, es importante subrayar que estos ideales están alineados con los valores tecnopolíticos que motivaron el concepto y el diseño de Decidim. No es solo una tecnología útil sino también alineada políticamente, tanto en su discurso como en su construcción. Durante los próximos meses, las redes feministas establecerán el escenario para las próximas acciones de un poderoso movimiento en red, que puede llevar a España hacia prácticas feministas democráticas y radicales. El reto es enorme, como lo es el reto de construirlo juntas.

Bibliografia:

Barandiaran. X, Calleja-Lopéz, A., Monterde, A., Aragón, P., Linares, J., Romero, C., & Pereira, A. (2017). Decidim: redes políticas y tecnopolíticas para la democracia en red. Recerca: revista de pensament i analisi, (21), 137-150.

Tsing, A. L.(2005). Friction: An Ethnography of Global Connection. Princeton University Press.

 

(English version below)

 

8M: the success of the first feminist strike

The 2018 8th of March was a historical day for feminist Spanish movements: hundreds of thousands of women went on strike and to the streets to demand equal rights and to fight against gender oppression and the numerous episodes of violence against women. For 11 months, local, regional and national networks - from assemblies and events to email lists, Twitter accounts and Telegram groups - were able to coordinate efforts combining similar goals and contentious practices. Results were immediate and impressive in terms of public and political visibility: major newspapers around the world reported on it, and the hashtags related to the strike were among the trending topics in Spain days before the strike and on the 8th of March. On the other hand, the messages and political and symbolical disputes those diverse women were engaging in - inside and outside of feminist movements - offer an opportunity to understand the moving boundaries of new political paradigms, which question the sexual division of labor and the economic, political and social inequalities based on gender.

I recently proposed a first look at the contentious process that culminated in the 2018 women’s strike in Spain, the first one recently organized at national level in the country. Those are preliminary results of fieldwork conducted from Barcelona, one of the cities where the mobilizations were multitudinous. It was thought out through transnational connections and intended to enact the transformative nature of feminist movements and their views. The very strategy to go on strike instead of choosing other repertoires carries a specific message of action in the economic sphere, which is performaticaly different from marches and petitions, even though the strike was combined with street demonstrations. That is, those activists organized a broad mobilization effort that included street demonstrations, but aimed at concretely affecting the different realms in which women face multiple oppressions, in the social and political, private and public spheres. Going on strike meant bringing into light the presence/absence of women in those dimensions where they are systematically exploited, oppressed, unrecognized or excluded from. It was not only conceived as a labor strike (joined by around 6 million people), but it was envisioned to be a consumption, care and student’s strike: a feminist strike.

More specifically, the discussions regarding gender roles, violence and oppression took place in multiple levels, either online and/or offline. A brief analysis of the 15 most retweeted messages over the month before revealed that a significant part of the effort was still to convince women of the legitimacy of such mobilization and its demands, or why women stopped. Part of the messages also called for union, while others exposed organizations or political figures for not supporting it. To be a woman in Spain is an open discursive battlefield, either among women themselves or among those who benefit from patriarchal structures. The organization of the strike in Barcelona illustrates these disputes: at least part of the women involved did not feel their demands were being prioritized, as was the case of migrants collectives, and the overlapping of the local political context generated polarized debates over the specifics of the Catalan manifesto.

Some of the relevant questions feminist movements in Spain have asked themselves address the resulting impact of the demonstrations, what to do with the legacy of the 2018 women’s strike, and what will the 2019 8th of March look like. This is definitely not a finalized discussion or a consensual one, as the discussions over the last Encuentro in Mérida showed. Nevertheless, such conflicts allow for specific contexts, experiences and points of view to interact and dispute hegemonic and counter hegemonic equilibria inside and outside feminist movements. The challenge, then, is to be able to do it while preserving and stimulating alliances among diverse women.

Encuentro Estatal 8M (Mérida): preparing the 2019 8M

In the beginning of this month, feminists movements all over Spanish State have come together in Mérida, Extremadura. I had the chance to be at the III Encuentro Estatal de la Comisión 8M, with more than 200 women from multiple regions of Spain, from Tenerife to Galicia and the Baleares Islands. One of the points of discussion was presenting their evaluation of the last 8th of March. More importantly, they have started the debates to reflect upon demands and the organization of the 2019 8th of March.

First of all, the evaluation of the 2018 women’s strike in Spain was widely positive. The massive presence of protesters overwhelmed the organizers, who also highlighted the great number of young women and students demonstrating on that day in more than a hundred cities in Spain. On the other hand, criticism towards the behavior of trade unions and political parties was also an issue most of the local commissions shared, regarding attempts to guide or take over the organization or protagonism of feminist movements. Moreover, the two major trade unions only called for a 2-hour partial strike, which was harshly criticized by activists.

Nevertheless, complex questions and challenges surfaced in the activists’ speeches across that weekend: what exactly were the political outcomes of the women’s strike and demonstrations? How to fully take advantage of the hallmark and strength generated by this year’s mobilizations? What are the demands, goals and intended impact for next year’s 8th of March? What will be the repertoires and strategies chosen to achieve them?

After a successful effort such as this year’s mobilizations, prepared over months in a coordinated articulation among local women’s groups, it is expected those groups would face disputes internally and externally. The visibility feminists movements gained contribute to put their distinct political visions in friction (Tsing, 2005), inside organizations as well as in spheres of debate such as social media platforms. Those frictions may actually promote the creation of new initiatives and spaces for radical ideas to be collectively conceived.

Part of the activists at Mérida understood that the strike branches of care and consumption were not embraced or impactful as expected, at the same time that a labor strike is not a repertoire recognizable or available to all women living in Spain. The contradictory nature of the intersections of the oppressive structures of patriarchy, capitalism and colonialism pose a strategic and symbolic challenge when it comes to building congruent and encompassing feminist political paradigms. Feminist views of the world that do not recognize the intersectional oppressions that affect women in different ways have a limited and ultimately not a radically transformative approach.

One of greatest challenges is exactly turning such frictions into transformative alliances among their diverse backgrounds, instead of fragmenting or weakening the current coalition at state level. Such challenge is both organizational and political: it is about what demands gain more protagonism, which internal and external organizational arrangements are chosen and which contentious repertoires are able to performatically enact those activists’ views.

Looking forward: a technopolitical sidenote

In multilayered political environments where online and offline practices are inextricably interwoven, networked forms of participation and organization can improve the processes of articulation of movements such as the Spanish Comisión 8M. As the example of the 15M movement demonstrated, the technopolitics of networked movements organizing and protesting go beyond having wide access to digital platforms, but is also about ensuring privacy, horizontality, open knowledge and citizen control over political processes taking place in them. Private platforms such as Facebook, Telegram or Google products have multiple limits of design, data policy, interface, purpose and final use (as the cases such as Snowden and Cambridge Analytica showed), which also compromise movements’ autonomy.

Considering the lack of transparency, the multiple political interests and aggressive business models corporate digital platforms survive on, alternative ones that are built to stimulate technological autonomy and democratic interactions can be a counter-hegemonic form to build social movements. An emblematic example of an alternative to be experimented is Decidim. Decidim is a political participation platform, “an open and free infrastructure for participatory democracy. It is also a project that aims at being an asset and model for political transformation” (Barandiaran et. al, p. 138).

It has been developed by Barcelona City Hall in partnership with universities, social movements and citizens. It is a free and open-source platform that can offer the means and spaces for networked movements or organizations like the Comisión 8M. Those are spaces that propel connections hundreds or thousands of activists or organizations to engage in deliberative processes. The platform allows for the creation of multiples threads of debates, preparing and geolocating physical events, voting and coordinating political processes. Although using Decidim, obviously, does not ensure reaching political consensus, it is a platform that has embedded, in its core, a commitment to participatory democracy and technological autonomy. As such feminist movements are trying to propose new political models that are inclusive and which political principles are not founded in domination, inequality and oppressive relations, such ideals - it is relevant to stress -  are aligned with the technopolitical values that motivated the concept and design of Decidim. It is not only a useful technology but also politically aligned, both in its speech and in its construction. For the next months, these disputes will set the scene for the next actions of a powerful networked movement, which can lead Spain towards feminist radical democratic practices. The challenge is huge, as it is the one to do it, as women, together.

References:

Barandiaran. X, Calleja-Lopéz, A., Monterde, A., Aragón, P., Linares, J., Romero, C., & Pereira, A. (2017). Decidim: redes políticas y tecnopolíticas para la democracia en red. Recerca: revista de pensament i analisi, (21), 137-150.

Tsing, A. L.(2005). Friction: An Ethnography of Global Connection. Princeton University Press.