Más allá del capitalismo de la vigilancia: democracia digital y datos comunes

 

El mundo como dato: emergencias del capitalismo de la vigilancia1.

 

El mundo deviene dato: nuestras comunicaciones personales, nuestra opinión más reciente, la casa de vacaciones del último verano, la fotografía perfecta, el amor imperfecto, la salud aceptable. Que el mundo devenga dato no sólo significa que casi cada instante sea registrado, procesado, y almacenado; significa, también, que nos viene dado. Las tecnologías, que, según el relato moderno, debían ayudarnos a transformar el mundo, nos lo imponen. Las plataformas digitales, sus algoritmos y artificiales inteligencias, nos vienen dadas, junto con sus sugerencias, prescripciones y prohibiciones, visibilizaciones e invisibilizaciones. Quienes las controlan, corporaciones o Estados, nos fuerzan a dar nuestros datos, que pasan a ser suyos y, de este modo, pasamos a ser suyos nosotros (e, incluso, quienes se nos parecen o acercan). Mediante una opaca alquimia algorítmica, la celebrada interactividad se transmuta en interpasividad2; la personalización, en una aduana con peajes altos; la vida propia, en la vida de otros. Esos “otros”, Leviatanes de la era digital, son corporaciones transnacionales, Estados y agencias que impulsan el capitalismo de plataforma (Srnicek, 2016), de los datos (Morozov, 2015) o de la vigilancia (Zubboff, 2019), incipiente configuración de las sociedades digitales. Su principal campo de batalla son nuestras vidas, tanto personales como colectivas.

 

En los 90, Manuel Castells diagnosticó la emergencia del capitalismo de la información. La información pasaba a ser el núcleo de la producción de valor económico. Más allá, Internet, la red informacional por excelencia, devenía clave en la producción colectiva de lo social, es decir, de la emergente sociedad red. En los 2000, tras el estallido de la burbuja punto.com, con el ascenso de Google y de redes sociales como Facebook, surgía una mutación de este primer capitalismo de la información, un emergente capitalismo de la vigilancia cuya principal fuente de valor es la información y la conformación de nuestro comportamiento (Zuboff, 2019). En este capitalismo las plataformas tecnológicas son los nuevos medios de producción;  los datos, el recurso clave; el mundo y nuestras vidas, la fuente de la que extraerlos y sobre la que aplicarlos; nuestro comportamiento, su objeto de supervisión y supervolición3.

 

Con la creciente automatización y delegación en algoritmos, la multiplicación de los sensores y el Internet de las cosas, la llegada de la tecnología 5G y la realidad aumentada, este capitalismo parece llamado a permear el mundo analógico y vital, al ritmo al que se hibride con el digital. La  búsqueda de la maximización del beneficio económico y del poder social, liderada por corporaciones y Estados, está a la base de esta digitalización y datificación del mundo. Como en toda forma de capitalismo, unos pocos actores concentran buena parte del capital que permite promover y aprovechar sus posibilidades. La capacidad de gobernar e influir en procesos sociales---de la comunicación al conocimiento---sobre la base de tecnologías y datos, lo que se ha denominado "datacracia", es el reverso complementario de la datificación. Este fenómeno tiene múltiples consecuencias, tanto económicas como políticas.

 

En el plano económico, ha catapultado a empresas como Google, Facebook, Airbnb o Deliveroo. Les ha permitido operar como base para un creciente número de servicios, desde la circulación en la ciudad a los indicadores académicos, desde la habitación vacacional a la entrega a domicilio. El nuevo capitalismo que encarnan se apoya en (e intensifica) el proyecto neoliberal de desregulación económica, privatización de lo público y explotación corporativa de los recursos, una liberalización del mundo opuesta a la liberación personal y social. La creciente colonización y precarización de la vida es una de sus consecuencias clave.

 

En el plano político, este sistema de extracción y análisis de datos en aras de la predicción y la incidencia en las decisiones a escala masiva lleva a la datapolitik (en los próximos días anunciaremos un nuevo proyecto en este área ;). En este sentido, el caso de Cambridge Analytica, la agencia de comunicación estratégica que ha intervenido en decenas de procesos políticos, ha mostrado cómo plataformas como Facebook, Whatsapp e Instagram pueden convertirse en armas de persuasión masiva y, más allá, definir las nuevas reglas del juego de los procesos electorales y la conformación de la opinión colectiva. La democracia representativa, en crisis durante las últimas décadas como resultado de su cooptación y vaciamiento neoliberal, e incapaz de responder a la complejidad creciente de la sociedad, se ve impactada por fake news y mensajes virales que aúpan a figuras como Donald Trump o Bolsonaro al poder. La moderna esfera pública estalla en mil pedazos digitales (filtros burbuja, cámaras de eco, redes de bots, etc.) en los que medra y desde los que se expande la ultraderecha. Así, la emergencia de la datacracia del siglo XXI pone en estado de emergencia democracias del XIX.

 

En este contexto, ¿hay alternativas?

 

Construyendo alternativas: el piloto democracia digital y datos comunes (DDDC).

Las últimas décadas no sólo han visto el ascenso de múltiples formas de capitalismo informacional sino también la conformación de movimientos de software, hardware, conocimiento y cultura libres, la construcción de plataformas alternativas y de colectivos y procesos sociales transformadores, del alter-globalización a los movimientos de las plazas o el feminismo. En este contexto, como respuesta tanto a la datacracia como a la crisis de la democracia representativa, el piloto Democracia Digital y Datos Comunes4 (DDDC) encarna una apuesta: una apuesta por la democracia, una democracia a la altura de los tiempos, radical y tecnopolítica. El piloto, que se cierra con un evento público el próximo 1 de Abril, tiene como eje central un proceso participativo con dos objetivos: por un lado, probar una nueva tecnología que permitirá mejorar la plataforma digital de democracia participativa Decidim; por otro, abrir un debate en torno las políticas de datos del futuro.

 

El piloto resulta de la convergencia de dos iniciativas tecnopolíticas que hemos ayudado a gestar e impulsar en los últimos años. Por un lado, Decidim, un proyecto de desarrollo de tecnología libre para la democracia participativa liderado por el Ajuntament de Barcelona, apoyado por un ecosistema productivo en el que participan docenas de organizaciones. Decidim es una plataforma digital para que cualquier colectividad, desde una cooperativa a una ciudad, pueda decidir y articularse democráticamente; decenas de municipios, regiones y organizaciones en todo el mundo ya lo utilizan. Por otro lado, DECODE (Decentralized Citizen Owned Data Ecosystems) es un proyecto europeo H2020 que persigue construir herramientas legales, tecnológicas y socioeconómicas con las que la ciudadanía pueda recuperar el control de sus datos y generar un mayor beneficio común de los mismos, es decir, una iniciativa que trata de contribuir a la soberanía y los procomunes de datos.

 

Dos proyectos y una visión: la de una sociedad en red radicalmente democrática. Alcanzarla implica subvertir las nuevas formas del capitalismo informacional en múltiples capas. Tres de ellas son (1) la de las plataformas, (2) la de los datos y (3) la de la socialidad. Un modelo diferente de sociedad red exige (1) generar alternativas a las plataformas corporativas (del hardware al software) cuyo diseño y operación está actualmente guiado por la acumulación de capital y de poder (2) bloquear el extractivismo de datos que priva a quienes los producen de cualquier control sobre ellos, limitando su potencial y (3) configurar alternativas a la aplicación de la supervisión y la supervolición como mecanismos clave de la organización social. En lo que resta de este artículo explicaremos cómo el piloto DDDC trata de conectar Decidim y DECODE para comenzar a afrontar este triple reto.

 

1.Plataformas

Comencemos por la capa de las plataformas. Frente al modelo corporativo de diseño de infraestructuras digitales que definen a Google o Facebook, en los últimos años el proyecto Decidim ha ido de la mano del cuidado de la comunidad Metadecidim, una comunidad (tecno)política que hace de Decidim un software democrático y un proyecto público-común. Que Decidim sea un software democrático significa que, más allá del modelo del software libre, promueve la inclusión de la ciudadanía de a pie--y no solo de personas expertas en programación y áreas afines--en el desarrollo del proyecto. Que sea un proyecto público-común significa que Decidim no es una plataforma financiada por una corporación sino por instituciones públicas y que, al mismo tiempo, su gobernanza no está definida principalmente por representantes de la administración pública sino por la ciudadanía. Evitando la tradicional tecnocracia de la política institucional, el proyecto está gobernado por una comunidad abierta. En definitiva, Metadecidim hace de Decidim una plataforma de, por y para el común, no una plataforma de, por y para una corporación o una determinada administración.

 

2. Datos

Por su parte, las herramientas y la visión del proyecto DECODE son especialmente valiosas para construir alternativas en la segunda capa mencionada, la de los datos, en la que actualmente impera el extractivismo. Su sistema de aplicaciones, registros distribuidos, contratos inteligentes, hardware libre, y, más allá, su narrativa sobre la sociedad actual y futura, permiten ejercer e imaginar un mayor control personal y colectivo sobre los datos que generamos. DECODE busca potenciar la soberanía (o, acaso más interesante, desde nuestra perspectiva, la autonomía) de datos. De modo complementario, Decidim puede pensarse como una herramienta para decidir colectivamente sobre el uso de las bases de datos que están y continuarán generándose en los próximos años, a diferentes escalas, de lo comunitario a lo metropolitano. La combinación de DECODE y Decidim aspira a servir como una infraestructura digital útil para construir autonomía y procomunes de datos.

 

3. Socialidad.

Por último, el proyecto de una sociedad red democrática implica, sobre todo, intervenir en la capa de la socialidad. Decidim es una red digital de tercera generación, que pone en el centro no ya la información, al modo de la world wide web de los 90, o la interacción personal, al estilo de redes sociales como Facebook o Twitter, sino la decisión y la deliberación colectiva: es una red política. Decidim es una red política para la democracia, no una red social para la promoción de productos o el consumo. Frente a la politización de las redes sociales corporativas, a la base de la Datapolitik, Decidim es una red política para democratizar lo social. En lugar de la supervisión y la supervolición, de la imposición de arriba abajo, Decidim potencia lo que hemos denominado "infravisión" e "infravolición", es decir, las prácticas de construcción de vigilancia y voluntad desde abajo (Calleja-López, Barandiarán y Monterde, 2018). La tecnología DECODE hará avanzar a Decidim en esta dirección, proporcionando una arquitectura basada en tecnologías de registro distribuido, una aplicacion de gestión de datos y un visualizador con el que analizarlos (en el contexto del piloto DDDC, esta tecnología se aplicará a las peticiones ciudadanas). El objetivo de estas mejoras es aumentar la privacidad, la transparencia y la inteligencia colectiva de los procesos en Decidim. Cerrando el círculo, y como esperamos mostrar en un encuentro el próximo Mayo, los procomunes de datos pueden servir como apoyo a reclamos y peticiones ciudadanas---procomunes de datos para la democracia participativa. Si redes sociales como Facebook están jugando un rol clave en la acentuación de la crisis de la democracia representativa y su acercamiento a formas datacráticas y autoritarias de gobierno, plataformas como Decidim son una posibilidad de avanzar hacia una sociedad más participativa y autónoma.

 

Conclusiones. Del mundo dado al mundo apropiado: hacia una sociedad red de todas y de cualquiera.

Resumiendo, con el piloto Democracia Digital y Datos Comunes hemos buscado mejorar Decidim utilizando la tecnología DECODE y hacer avanzar la visión de DECODE mediante la tecnología Decidim: democracia digital para construir procomunes de datos; soberanía y procomunes de datos para la mejorar la democracia. Con este doble movimiento, DDDC hibrida dos proyectos que proponen alternativas al capitalismo contemporáneo en sus capas de datos, de plataforma y de socialidad. Con sus adolescencias y límites, creemos que ésta es una vía que merece la pena explorarse.

 

Para cerrar, cabe mencionar una capa transversal a las tres previas, tan fundamental como ellas: la de las narrativas. Decidim y DECODE tratan de construir imaginarios tecnopolíticos que apunten hacia otras coordenadas de pensamiento y acción. Frente a los intentos de reducir cada vez más las posibilidades de todas a la voluntad y el poder de unos pocos, la visión de una sociedad radicalmente democrática apunta a la necesidad de incrementar nuestra potencia. Frente al devenir dado del mundo bajo el capitalismo de la vigilancia y la datacracia, se trataría de construir un devenir apropiado. Frente a Google y la NSA, frente a Zuckerberg y Trump (o sus equivalentes en otras latitudes), se trataría de construir una política, una tecnología y unos datos de, por y para el común. Transformar la actual sociedad digital exige, pues, abordar cada uno de sus espacios y sus capas, alimentar resistencias y alternativas en cada una de ellas, hacia una sociedad red de todas y de cualquiera, hacia una democracia real y en red.

 

Notas.

1. Agradezco a Andreu Belsunces, Juan Linares y Emanuel Cozzo sus comentarios y revisiones a versiones previas de este texto.

 

2. Es decir, nuestras percepciones y acciones son objeto de intervención, estímulo y limitación por parte de las plataformas y de los actores que las habitan. Toda acción es relacional, resulta de una pasión pasada y alimenta una pasión futura. Para más detalles sobre este juego de conceptos, véase Calleja-López, Barandiaran & Monterde, 2018.

 

3. Por supervolición entedemos una voluntad de la voluntad, es decir, mecanismos que sirven para construir la voluntad y deseos de otros---millones de personas. Una voluntad que se impone o, más bien, informa y conforma otras. Usamos supervolición por contraposición al concepto de supervisión, que preferimos al de vigilancia en la medida en que expresa con mayor claridad el poder de ver.

 

4. El piloto DDDC, que surge de la convergencia de estos dos proyectos, está liderado por Barcelona Ciudad Digital (Ayuntamiento de Barcelona) y el  Instituto Interdisciplinario de Internet de la Universitat Oberta de Catalunya (los grupos Tecnopolítica y Dimmons), en colaboración con Eurecat, Nexa Center for Internet & Society, CNRS, Dribia, aLabs, y dyne.

 

Referencias.

Calleja-López, A.; Barandiaran, X., Monterde, A. (2018). Dalle reti sociali alle reti (tecno)politiche. Reti di terza generazione per la democrazia del XXI secolo, en Gambetta, D. Datacrazia: Politica, cultura algoritmica e conflitti al tempo dei big data. Ladispoli, Italia: D editore.

 

Morozov, E. (2015). Digital technologies and the future of data capitalism. Social Europe. Disponible en http://www.socialeurope.eu/2015/06/digital-technologies-and-the-future-of-data-capitalism/

 

Srniceck, N. (2017). Platform capitalism. Cambridge, UK: Polity Press.

 

Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: the fight for a human future at the new frontier of power. New York, NY: Public Affairs.

 

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